¿ Porqué? esa es la cuestión. Esa pregunta me ha asaltado en diversas ocasiones, bien durante el peregrinaje, o semanas después de haber acabado el viaje o simplemente al coger el bus urbano. Porqué un funcionario, un empleado de una empresa de autobuses, una administrativa, un jubilado alemán, un soldado alemán también, un vendedor de zapatos, dos prejubilados, un fontanero y así hasta un largo etc. Porqué deciden un día dejar la comodidad de sus hogares y lanzarse por espacio de un mes o como fue mi caso por quince días a la aventura. A hacer jornadas de 20, 30 o 40 km andando, dormir en una litera y tener que soportar ronquidos, compartir duchas, baños etc, poner a prueba nuestro físico. Torturar de una manera increible nuestros pies. Sufrir, calores extremos, aguantar como todo el cielo cae sobre tu cabeza en forma de lluvia, enfangarte las botas hasta casi no poder un paso . Tener que andar con ropa húmeda durante una jornada completa pues no has podido secarla.
Y sobretodo, porqué al llegar a Santiago te sientes tan pleno, tan lleno de satisfacción y orgullo propio, para acto seguido caer en una melancolía intensa y sentirte vacío y ausente.......
La respuesta, evidentemente, no existe. Pues cada uno de nosotros tiene la suya y es tan valida la mia como la del resto de peregrinos. Lo único cierto es que el camino te cambia la vida: Dicho cambio no puede definirse como algo extremo, no. Es más bien una nueva forma de afrontar el día a día, de dar importancia a lo que lo tiene y dejar de lado esas estupideces que jornada a jornada nos come las entrañas.
Te hace revivir aquellas cosas que tenías olvidadas en algún lugar recóndito de la memoria. Saca a relucir a la persona que fuimos tiempo atrás y que quedo oculta entre las responsabilidades a las que nos obliga la vida, que con sus exigencias nos modela de manera uniforme a través de los años.
Nos iguala, si, definitivamente nos iguala a unos con otros. El camino no hace distinciones, no distingue edades, ni situaciones sociales, no hay atajos. Y francamente , si los buscas, estás perdiendo el tiempo. Te permite elegir la compañía, el momento más propicio para iniciar el día, pensar, pensar de manera reiterativa, sin previo aviso.
Disfrutar de las comidas, del vino y de la una buena compañía. Hacer nuevos amigos, conocer otras culturas............... practicar el inglés, el francés y quien sabe que más.
Llegar al fin del mundo y saber que ya nada será lo mismo, no será igual tu vida, ni tu trato con los demás. Te cambia cierto es, pero a todos de una manera diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Y cuando, con el faro de fisterra a tus espaldas, rodeado por hogueras por doquier, sabes que has quemado una etapa, que es el fin pero un fin que es un inicio, inicio de otro camino, eso si, este completamente distinto, pues sigues una senda mil veces transitada, pero apreciando nuevos matices.
Para algunos supone un punto de inflexión, otros hablan de continuación, pero todos sabemos que ya nada será lo mismo. Y a pesar de todo ello, muchos, entre los que me incluyo, repetimos una segunda, tercera, cuarta.................. u octava vez. Muchos son los caminos que seguimos hacia Santiago, ocho creo recordar que existen , pero todos ello confluyen en un único punto, lo mismo podemos decir de los peregrinos, variada su procedencia, su motivación y posterior destino, pero por unos días algo en común compartimos.
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